Archivo de 24 Agosto, 2007

24.08.07

Diario de Egipto (I) - 6 y 7 de agosto

En Mundo a las 23:00 por estemon

Día 1 - Lunes 6

Por fin, el lunes 6, Día D (con mucho respeto por el original), día de iniciar esta nuestra particular aventura a tierras faraónicas.

Cogimos el metro hasta Plaza Catalunya, donde nos reunímos con toda la familia, y ya estábamos listos para coger el Aerobús con destino al aeropuerto. Era la primera vez que cogía ese autobús (vaya tomadura de pelo el precio, 3,20 € el trayecto, una locura, teniendo en cuenta que si coges el tren te sale por 0,69, si compras una tarjeta de 10 viajes…), y la primera vez que iba a la terminal A del Prat. Siempre que había cogido un avión o había ido a recoger a alguien, era en la B, y pensaba que la A y la C eran invenciones de los administradores para que pensáramos que era un aeropuerto más grande de lo que es. En esta terminal tuve la impresión de que había mucha menos gente que en otras terminales, aunque en el momento de facturar nunca parece que la cola avance… en fin.

Una vez pasamos el check-in y ya estamos en la zona de embarque, buscamos nuestra puerta, la 55, creo. Como era temprano decidimos comprar unos bocadillos y comer algo, porque tampoco teníamos muy claro si nos iban a dar de comer en el avión. No estaría mal que las compañías aéreas detallaran cuando un vuelo incluye comida y bebida y cuando no. Bueno, al hilo. Despues de comernos unos bocadillos de tortilla de patatas y de queso medio resecos, empezamos a hacer cola para el embarque con otros muchos como nosotros que esperaban descubrir un mundo nuevo en el pais del Río.

Había llegado la hora de embarcar, pero por las cristaleras se veían otros aviones que iban y venían, y no el nuestro. En un momento dado vimos aparecer un avión de Egyptair que paró frente al pasillo hidráulico de nuestra puerta de embarque. Al cabo de un rato abrieron las puertas para el embarque: primero los de las filas 30, luego los de las filas 20, es decir, nosotros, y continuaron entrando personas hasta que el avión estuvo completo. La salida prevista para las 15:10 ya había sufrido un retraso de una hora, lo cual hubiera sido bastante, de no ser porque permanecimos sentados en nuestras posiciones durante otra hora más hasta que a las 5 de la tarde el avión se puso en marcha.

El vuelo fue plácido y tranquilo, llegando al aeropuerto internacional de Luxor al cabo de unas 3 horas y media, que con el cambio horario eran 4 horas y media más tarde, es decir, sobre las 9 y media o 10 de la noche, hora local. No estaba mal, teniendo en cuenta que deberíamos haber llegado a las 8 y media. En el avión nos dieron de cenar; nunca había probado la comida en vuelo, de hecho, nunca me había tomado nada dentro de un avión. Una bandejita de plástico con una ensalada verde, un plato caliente de ternera, puré de patatas y otras cosas que tenían sabor a plástico; un pastelito de chocolate, un bollo de pan, un quesito, un poco de mantequilla y un sobre transparente con: tenedor, cuchillo, cucharita, mmm, bastón para el café, azúcar, sal, pimienta, aceite, salsa para la ensalada… no es que fuera ninguna maravilla, pero recuerdo que me comí 3 pasteles de chocolate y otros tantos bollos con mantequilla, jejeje :P

Recuerdo con una cierta curiosidad llegar al aeropuerto y ver un cartel donde ponía “Visa $15″, lo que se entendía como un desembolso de 15 dólares para entrar al país. Eso son unos 11 o 12 euros, según el día, y a nosotros nos habían dicho 34 euros por cabeza, lo cual era casi el triple que lo ponía en aduanas. Por lo menos curioso, no? La cosa es que cuando nos pusieron el sello de entrada conforme ya habíamos pagado el valor de la aduana no tuvimos que abonar nada en aquél momento, y eso sí que era más sorprendente, porque no concordaba con la información que teníamos.

Despues de pasar por diversos representantes de la agencia acabamos en un autocar que nos llevaría al barco Ti-Yi, una motonave (sí, con nombre de la guerra de las galaxias), al estilo de los típicos barcos de las pelis del Mississippi. De noche no se veían demasiado bien, pero al día siguiente pudimos valorarlos en todo su esplendor. Para llegar a nuestro barco tuvimos que atravesar unos cuantos antes… sí, cruzarlos. Aquí nos ponen multas por aparcar en doble fila los coches, no? Pues allí los barcos se ponen en filas de hasta a 6 y no pasa nada. Para llegar a nuestro barco pasamos primero por el que estaba amarrado directamente a muelle, y salíamos por la puerta en el extremo opuesto del barco para poner los pies sobre el siguiente barco y repetir la operación. Al final acabamos en un barco (que no era el último de su fila) donde nuestro guía para los siguientes días, Ahmed Farouk, nos hizo una breve presentación.

Barcos en fila en Luxor

Despues de la presentación, coger las tarjetas para las habitaciones y subir a dejar las mochilas y sentarse un poco cenamos unos sandwiches que nos habían dejado en las habitaciones ya que a aquellas horas la cena ya no se servía en el restaurante. Despues de los bocadillos subimos a cubierta para “explorar” un poquito el barco, y era curioso ver el siguiente barco a apenas un metro, pudiendo saltar de barco en barco por la parte superior de los mismos, o, si coincidía, por las ventanas de los camarotes. Bar, piscina, tumbonas, sillas, mesas, toldos, unos balancines que parecían las jaulas de Piolín y muchos barcos alrededor, por todas partes, eso es lo que básicamente se podía ver desde cubierta, además del templo de Luxor al fondo, ya que estábamos parados justo enfrente de él.

Buenas noches y hasta mañana a la hora del desayuno.

Día 2 - Martes 7

Despues de un fastuoso desayuno tipo buffet a las 8, compuesto de café, té, zumo de naranja, karkadé, pan tostado, bollos de todos tipos y colores, crêpes, crusanes, huevos cocidos, gofres, sopas, en fin, de todo y un poco más, subimos a cubierta a ver pasar la mañana navegando por el Nilo, uno de los viajes más agradables y recomendables posibles.

El Nilo, camino de Edfú

Teníamos que llegar hasta Edfú, donde al día siguiente veríamos el primer templo de la travesía. Este primer día a bordo era relajado, y no había escalas hasta ese pueblo, así que podíamos hacer cualquier cosa durante todo el día, como leer, dormir, descansar en cubierta, aprovechar la piscina, tomar algo en el bar, o, simplemente, disfrutar del viaje por el mítico Nilo.

Cuando llegábamos a la esclusa deEsna, más al sur de Luxor, nos empezaron a abordar una serie de pequeñas barcazas que vendían todo tipo de camisas, chilabas, toallas y manteles. La primera barca que vimos pensamos que eran pescadores que nos saludaban. Cuando, con precisión de reloj suizo nos lanzaron un paquete con una chilaba a la ventana del camarote entendimos que aquellos, si pescaban algo, serían compradores. Subimos a cubierta y vimos una grandísima cantidad de barcos de esas mismas características, quizá unos 20, sólo merodeando nuestro barco. En total, buscando compradores por todos los barcos, se podían contar unos 40 o 50 a simple vista. Era una escena realmente curiosa.

Vendedores en el Nilo

Pasamos la esclusa con todo el pasaje curioseando el modo de funcionamiento de dicho ingenio, sintiéndonos por un momento como en Suez o Panamá, ya que, en definitiva, la esclusa por la que pasábamos funcionaba igual que las más grandes del mundo, pero a escala. Un cóctel, piscina, sol eterno… aquello sería lo más cercano al paraíso para quien le gusta tomar el sol, no?

Despues de pasar Esna y seguir, camino al sur, nos reunimos todos los viajeros con Ahmed en el bar-coctelería, para comentar las excursiones optativas y otras cuestiones sobre el plan de viaje. Mi familia, siguiendo la tradición, se apuntó a un bombardeo, y se presentó para casi todas las excursiones, cosa que más adelante pagaríamos caro, y no sólo por el precio en euros si no por el cansancio acumulado, pero en aquél momento no lo intuíamos suficientemente.

La comida, tambien buffet, era la primera que hacíamos a bordo, y había poca gente en el restaurante, que era bastante grande. Sólo vimos 4 o 5 grupos más, así que pensamos que quizá había algunos otros haciendo excursiones o algo así, pero nunca nos quedó claro, ya que nosotros sólo veíamos con regularidad al resto que iban con nuestro mismo guía.

Por la noche atracamos en Edfú, y despues de cenar fuimos a dar una vuelta por el pueblo, contemplando la vida nocturna allí, más intensa que durante el día, ya que el calor desalentaba cualquier intento de fiesta. Como pudimos corroborar más adelante, la población autóctona “empezaba” el día realmente a partir de las 6 o 7 de la tarde, con la caida del sol, con las temperaturas más agradables, de forma que la noche empezaba a esas horas y acaba a las 3 un día normal y a las 5 los jueves, víspera del día festivo musulmán, el viernes.

Sólo las calles principales estaban asfaltadas, y el resto de callejuelas solían ser barrizales sin luz o espacio para que pasaran apenas los coches y las calesas. Nos cruzamos con una celebración de una boda, que congregaba en un cruce entre dos calles a unas 100 personas bailando, riendo y tocando todo tipo de tambores y darbukas. Las tiendas todoterreno, abiertas hasta altas horas de la madrugada, que podían vender desde un televisor a un kilo de hojas de té rojo, sólo tenías que pedir al vendedor y él se encargaba del resto. El primer día sorprende, luego te acostumbras, y finalmente, te agobias, si no lo sabes controlar.

A la vuelta, antes de entrar en el barco, una parada en un bar para tomar un té con menta y disfrutar de la temperatura agradable a esas horas en la calle. Una vez en el barco, otra vez, a dormir y esperar la mañana, que sería larga, pues Ahmed pretendía llegar temprano al templo para no encontrar las aglomeraciones de media mañana. La verdad es que nuestro guía siempre era muy previsor y prefería madrugar un poquito y luego disfrutar más cómodamente de las visitas que no perrear en el barco un rato más inútilmente. Su máxima es: ya tendreis tiempo de descansar en vuestros hogares, aquí venís a ver cosas. Un tío divertido, la verdad :)